sábado, abril 8

PARASHA 27 Y 28

 

 Parashá 27 Tazría/Metzora

Levítico 12:1 – 13:59/ Levítico 14:1 – 15:33


 

Aliyás de la Torá (cuando se lee Tazría por separado):

1.      12:1 – 13:5

2.      13:6-17

3.      13:18-23

4.      13:24-28

5.      13:29-37

6.      13:38-54

7.      13:55-59

8.      Maftir: 13:57-59

 

Haftará: 2 Reyes 4:42 – 5:19

Tazría

Significa “ella concibe”.

Comentarios

12:2  “Habla a los hijos de Israel y diles: "Cuando una mujer conciba y dé a luz varón, quedará impura por siete días; como en los días de su menstruación, será impura.” (LBLA) – No es lo mismo concebir que dar a luz. La concepción ocurre normalmente 38 semanas antes de un parto normal. El momento de la concepción influirá en el futuro del niño. Si los padres están teniendo su relación íntima en santidad y pureza, el niño es engendrado en santidad y pureza. Si alguno de los padres tienen lascivia sexual, ese espíritu puede ser transmitido al feto en el momento de la concepción y en el futuro es muy probable que ese niño tenga problemas para dominar sus deseos sexuales. Por esto está escrito en 1 Tesalonicenses 4:3-5:

“Porque esta es la voluntad de Dios: vuestra santificación; es decir, que os abstengáis de inmoralidad sexual; que cada uno de vosotros sepa cómo poseer su propio vaso en santificación y honor, no en pasión de concupiscencia, como los gentiles que no conocen a Dios” (LBLA)

La palabra “vaso” es una referencia al cuerpo. En este caso probablemente se refiere al cuerpo de la esposa. Es importante tratar a la esposa con santidad y honor, sin lascivia sexual como los paganos que no saben dominar sus instintos más bajos.

La palabra “concupiscencia” en este contexto no tiene que ver con el instinto natural sexual puro que crea excitación. Es algo que HaShem ha puesto en el hombre y que es un ingrediente importante en una vida íntima normal dentro de los marcos que están permitidos según la Torá, es decir dentro del pacto matrimonial. La Torá no está en contra del disfrute en la vida, sino nos anima a disfrutar de lo que HaShem ha creado y que tenemos derecho de obtener dentro de las leyes que él ha establecido, como está escrito en 1 Timoteo 6:17b:

"Dios, el cual nos da abundantemente todas las cosas para que las disfrutemos." (LBLA)

En Proverbios 5:15-19 está escrito:

"Bebe agua de tu cisterna y agua fresca de tu pozo. ¿Se derramarán por fuera tus manantiales, tus arroyos de aguas por las calles? Sean para ti solo, y no para los extraños contigo. Sea bendita tu fuente, y regocíjate con la mujer de tu juventud,  amante cierva y graciosa gacela; que sus senos te satisfagan en todo tiempo, su amor te embriague para siempre." (LBLA)

Aquí HaShem anima al hombre a gozarse de la mujer de su juventud, satisfacerse de sus senos y siempre embriagarse de su amor. No hay nada impuro o profano en el gozo sexual y la “embriaguez” en una vida sexual normal dentro del marco del pacto matrimonial, no es solamente para obtener hijos, sino para poder obtener los buenos dones de esta vida que HaShem da a sus criaturas amadas.

En Cantar de los Cantares 4:16 - 5:1 está escrito:

"Despierta, viento del norte, y ven, viento del sur; haced que mi huerto exhale fragancia, que se esparzan sus aromas. Entre mi amado en su huerto y coma sus mejores frutas. He entrado en mi huerto, hermana mía, esposa mía; he recogido mi mirra con mi bálsamo. He comido mi panal y mi miel; he bebido mi vino y mi leche. Comed, amigos; bebed y embriagaos, oh amados." (LBLA)

Este texto expresa una oración de la esposa para que el viento del norte y del sur soplen en su huerto que simboliza su cuerpo. Luego termina el versículo 1 con algunas palabras que parecen venir directamente del Eterno en el cielo que es un testigo presente en la relación íntima entre los esposos. Los llama sus amigos y les anima a comer, beber y emborracharse del amor.

Estos son algunos ejemplos que muestran cuán positivamente HaShem considera una vida sexual sana dentro del matrimonio. Cuando hablamos de lujuria, o lascivia, tiene que ver con una perversión del amor, o más bien, no tiene nada que ver con amor, sino con deseos egoístas. El amor el lo contrario de lujuria. El amor se entrega y recibe de manera desinteresada. Lujuria es un deseo egoísta que sólo busca satisfacer sus propias demandas independientemente de lo que el otro piense o sienta. Lujuria y deseo no es lo mismo. Lujuria e instinto sexual no es lo mismo. La lujuria es un instinto sexual pervertido y contaminado, un apetito enfermizo que se aprovecha a sí mismo para llenar un abismo sin fondo que nunca será satisfecho. El amor está agradecido si recibe poco o mucho. La lujuria nunca será satisfecha, cf. Judas 16.

En Colosenses 3:5 está escrito:

"Por tanto, considerad los miembros de vuestro cuerpo terrenal como muertos a la fornicación, la impureza, las pasiones, los malos deseos y la avaricia, que es idolatría." (LBLA)

En Tito 3:3 está escrito:

"Porque nosotros también en otro tiempo éramos necios, desobedientes, extraviados, esclavos de deleites y placeres diversos, viviendo en malicia y envidia, aborrecibles y odiándonos unos a otros." (LBLA)

Cuando hablamos de que los niños son dañados si son producidos por medio de lujuria se trata del tipo de lujuria que tiene su origen en la naturaleza mala, cf. Juan 8:44. Para una persona no espiritual puede ser difícil diferenciar entre una “borrachera” pura y una lujuria impura, pero si uno está consciente de que el Eterno está presente y observa cuando hay una relación íntima y si uno podrá alabarle por lo bueno que se podrá experimentar juntos, uno puede estar seguro de que la lujuria carnal no tiene dominio. Si uno quiere esconderse del Eterno y desconectarle para entregarse a sus deseos sexuales impuros, uno puede estar seguro de estar dirigido por lujuria. Una manera buena es orar a HaShem antes de una relación íntima y darle gracias después por todo lo bueno que uno recibe. Entonces uno cumple la palabra en Colosenses 3:17 que dice:

"Y todo lo que hacéis, de palabra o de hecho, hacedlo todo en el nombre del Señor Yeshúa, dando gracias por medio de El a Dios el Padre." (LBLA revisada)

Si HaShem no puede estar presente en la vida íntima es una señal de que es impura. Si hay una vida íntima en pureza y entrega el Espíritu del Padre siempre estará presente diciendo: “Comed, bebed y embriagaos”.

Después del parto de un hijo varón, la mujer queda en un estado de impureza ritual, en hebreo tamé, como en el tiempo de su menstruación. La palabra hebrea que ha sido traducida como “menstruación es nidá,[1] que significa “impureza”, “menstruación”, y viene de la raíz nadad,[2] que significa “vagar”, “errar”, “huir”, “alejarse”, “mover”. La idea es que el tiempo de la nidá es un tiempo cuando la mujer se aleja de su marido para sanarse de su herida interna. Según la Torá, este periodo es de siete días, cf. Levítico 15:19. Después del periodo de nidá, ella se sumerge en aguas purificadoras para poder unirse de nuevo a su marido.

En el caso del nacimiento de un varón, la madre se queda en un estado de nidá durante los primeros siete días después del parto. El día del parto es contado como el primer día, aunque sólo quedara una hora o menos hasta la caída del sol. Al final del séptimo día se sumerge en una mikvé para purificarse. Según la enseñanza farisea, luego podrá unirse con su marido. Los saduceos y los caraítas no están de acuerdo con la interpretación farisea, y enseña que ella no podrá unirse a su marido hasta después de los restantes 33 días.

12:3  “Al octavo día la carne del prepucio de él será circuncidada.” (LBLA) – La circuncisión se hace el mismo día de la semana que el nacimiento. Si nació en shabat, es circuncidado el siguiente shabat. Si nació el tercer día de la semana, martes, es circuncidado el tercer día de la semana siguiente. La circuncisión es la señal del pacto entre HaShem y toda la descendencia de Avraham, como está escrito en Génesis 17:11-13:

“Seréis circuncidados en la carne de vuestro prepucio, y esto será la señal de mi pacto con vosotros. A la edad de ocho días será circuncidado entre vosotros todo varón por vuestras generaciones; asimismo el siervo nacido en tu casa, o que sea comprado con dinero a cualquier extranjero, que no sea de tu descendencia. Ciertamente ha de ser circuncidado el siervo nacido en tu casa o el comprado con tu dinero; así estará mi pacto en vuestra carne como pacto perpetuo.” (LBLA revisada)

Ahora HaShem, por medio de Moshé, está reafirmando el pacto que fue dado a los patriarcas, como está escrito en Juan 7:22:

“Por eso Moshé os ha dado la circuncisión (no porque sea de Moshé, sino de los padres), y en el shabat circuncidáis al hombre.” (LBLA revisada)

La circuncisión no viene del tiempo de Moshé sino de los patriarcas. Moshé no podía anular nada de lo que había sido establecido anteriormente. El pacto de la circuncisión no puede ser anulada por el pacto de Sinai. De la misma manera el nuevo pacto no puede anular los pactos anteriores, ni cambiarlos. Un pacto posterior siempre está basado sobre un pacto anterior. Cada pacto nuevo que es introducido confirma un pacto anterior y añade algo más para la santificación del pueblo. Esto nos enseña que el nuevo pacto en la sangre del Mesías no puede anular los pactos anteriores. Lo que hace el nuevo pacto es introducir elementos nuevos que hacen subir al pueblo en un nivel superior de santidad y de poder.

Biológicamente hablando, el octavo día es el mejor momento para circuncidar al hombre. Es el día cuando la coagulación de su sangre es más eficaz que ningún otro momento de su vida. Además, antes de ser introducido en el pacto de la circuncisión, cada varón habrá experimentado, por lo menos, un shabat. Si un niño judío no es circuncidado, se rompe el pacto con Avraham. Para ser judío hay que estar circuncidado en la carne.

El varón ha sido llamado a servir a HaShem de una manera diferente a la mujer. Por lo tanto es importante que el hijo varón sea introducido en el culto delante de HaShem cuanto antes. Por el brit milá, el pacto de circuncisión, será marcada en su cuerpo la señal de la responsabilidad de presentarse ante HaShem durante toda su vida, como está escrito en Éxodo 23:17: “tres veces al año se presentará todo varón…”

12:4  “Y ella permanecerá en la sangre de su purificación por treinta y tres días; no tocará ninguna cosa consagrada ni entrará al santuario hasta que los días de su purificación sean cumplidos.” (LBLA) – Aunque se haya purificado por medio de la mikvé al final de los siete días, ella no quedará purificada a la caída del sol ese mismo día sino a la caída del sol del día 40, si ha dado a luz un varón. A partir del día 41 podrá entrar en el templo y tocar y comer cosas consagradas. Aquí aprendemos cuáles son las dos prohibiciones en cuanto a una persona tamé: no le es permitido tocar o comer de las cosas consagradas, como la terumá o sacrificios de paz. Tampoco podrá entrar en el santuario. No se puede comer del cordero de Pesaj en Yerushalayim en el estado de tamé.

Este texto enseña que aunque haya más derramamiento de sangre durante los 33 últimos días de su purificación, no hará falta añadir más tiempo a los 40 días totales. Aquí no aplica la misma ley que para la menstruación, cuando se añaden siete días más, en el caso de que haya flujo de sangre fuera del tiempo de la semana de nidá. Cuando lleguemos al capítulo 15 vamos a ver más detalles sobre esto.

12:5  “Pero si da a luz una niña, quedará impura por dos semanas, como en los días de su menstruación; y permanecerá en la sangre de su purificación por sesenta y seis días.” (LBLA) – Tanto el tiempo de nidá como el de tamé durarán el doble después del nacimiento de una niña. La Torá no explica la razón por qué es así.

HaShem marca una diferencia entre varón y mujer. Pero el hombre moderno está intentando de quitar esa diferencia y piensa que igualdad es lo mismo que la eliminación de las diferencias. El hecho de hacer que la mujer quede más tiempo en recuperación después del nacimiento de una niña, no es para discriminar a la mujer o al hombre, sino por otras razones que no están bien definidas en la Torá. Lo cierto es que todos los mandamientos han sido dados para el bien del hombre. Tenemos que aceptar esta verdad sin entender el por qué.

Sin embargo, se pueden encontrar algunas explicaciones que nos pueden dar un poco de luz sobre esta diferencia. Los pediatras modernos han mostrado que, después de su nacimiento, una niña tiene mayor necesidad sicológica que un niño de permanecer cerca de su madre. Así que este mandamiento ha sido dado, entre otras razones, para ayudar a la niña a tener un buen desarrollo psicológico y, posiblemente, también de la madre.

El niño y la niña tienen la necesidad de afirmar su identidad sexual como varón y hembra respectivamente. Por lo tanto el niño necesita a su padre para poder identificarse con él para poder desarrollarse correctamente, y la misma necesidad tiene la niña en cuanto a su madre. La identidad sexual es afirmada en el niño por la identidad con el padre y, en la niña, por la identidad con la madre. Un niño que es criado sin padre corre el peligro de volverse homosexual, y una niña que se cría sin madre corre el peligro de volverse lesbiana. El padre debe abrazar a su hijo para suplir la necesidad emocional del niño. Si un niño no recibe abrazos de su padre va a tener un vacío psicológico que puede llevarle a buscar ese afecto en otros hombres, y así es tentado a volverse homosexual. La presencia de los dos padres es vital para el buen desarrollo del carácter de los hijos. Esta es una de las razones por las que HaShem aborrece el divorcio, cf. Malaquías 2:16.

Una vez que la identidad sexual haya sido afirmada, el niño y la niña son atraídos por el sexo opuesto, lo cual es un desarrollo perfectamente natural. Por eso, se puede ver que cuando un niño tiene algunos años de edad, empieza a desarrollar una relación especial con su madre, y la niña con su padre. Esta es una manera natural para prepararse para el matrimonio futuro.

La tensión entre varón y hembra forma parte del ser humano. Un niño debe aprender a ser masculino y una niña a ser femenina. La eliminación de la diferencia entre hombre y mujer resultará finalmente en la destrucción del ser humano. En estos últimos tiempos las maneras homosexuales de Sedom y Amorá están volviendo a tomar terreno en el mundo, cf. Lucas 17:28-30. HaShem ha creado la diferencia entre hombre y mujer, y esa tensión es buena y necesaria para que la familia y la sociedad sean sanas. El niño tiene que aprender a vivir con esa tensión en relación con su madre, y la niña con su padre. Somos diferentes, pero nos necesitamos para funcionar correctamente, porque HaShem nos hizo varón y hembra. Esa relación varón-hembra hace que cada individuo pueda funcionar correctamente. La ausencia de alguno de los padres trastorna este proceso de aprendizaje en los hijos.

Los primeros seis años de vida son fundamentales en el desarrollo psicológico de cada persona. Ambos sexos, varón y hembra, necesitan a su madre en ese tiempo. La ausencia de la madre causa un daño psicológico en el hijo. Si la madre deja que su niño, o su niña, esté mucho tiempo bajo el cuidado de otras personas, causará un daño en el desarrollo de su alma. La madre ha sido capacitada para ser la mejor persona para cuidar a sus hijos, especialmente en sus primeros años de vida. El contacto con el padre también es vital para el buen desarrollo del niño. Pero especialmente durante el primer tiempo de la vida, la presencia de la madre crea en el niño un fundamento de confianza que luego es necesario en la relación con el Padre celestial. Por medio de la mamá el niño aprende cómo es la ternura de HaShem, como está escrito en Isaías 66:10-13:

“Alegraos con Jerusalén y regocijaos por ella, todos los que la amáis; rebosad de júbilo con ella, todos los que por ella hacéis duelo, para que maméis y os saciéis del pecho de sus consolaciones, para que chupéis y os deleitéis de su seno abundante. Porque así dice HaShem: He aquí, yo extiendo hacia ella paz como un río, y la gloria de las naciones como torrente desbordado; y mamaréis, seréis llevados sobre la cadera y acariciados sobre las rodillas. Como uno a quien consuela su madre, así os consolaré yo; en Jerusalén seréis consolados.” (LBLA revisada)

Por medio del cuidado de la madre, el niño aprende que HaShem le ama, le cuida, le nutre, le satisface y, ante todo, que está presente. Una buena madre está todo el tiempo pendiente del bienestar de sus hijos. Una madre normal no puede olvidar a su hijo, como está escrito en Isaías 49:15:

“¿Puede una mujer olvidar a su niño de pecho, sin compadecerse del hijo de sus entrañas? Aunque ellas se olvidaran, yo no te olvidaré.” (LBLA)

El sentimiento de la presencia de HaShem es establecido por la madre durante los primeros tiempos en la vida del niño. Si la madre no está presente en todo momento, el niño es dañado en su apreciación de la presencia de HaShem. No es bueno dejar a un niño llorar en su cama sólo hasta que se duerma. El niño tiene que sentir que mamá o papá está presente en todo momento, aunque no esté en la misma habitación. El efecto del sentimiento de la soledad en los primeros años de la vida del niño es desastroso. La presencia de los padres hace que el niño aprende que HaShem está presente en todo momento y en todo lugar, viéndole, cuidándole y escudriñándole, como está escrito en Hebreos 4:13:

“Y no hay cosa creada oculta a su vista, sino que todas las cosas están al descubierto y desnudas ante los ojos de aquel a quien tenemos que dar cuenta.” (LBLA revisada)

Hagar, la egipcia, no había aprendido esta lección en la relación con su madre, por eso se quedó sorprendida cuando se dio cuenta que HaShem estaba presente y viéndola en todo momento, como está escrito en Génesis 16:13:

“Y llamó el nombre de HaShem que le había hablado: Tú eres un Dios que ve; porque dijo: ¿Estoy todavía con vida después de verle?” (LBLA revisada)

La ausencia de mamá o papá durante los primeros años de un niño hace que el niño fácilmente tendrá problemas para ser consciente de los ojos de HaShem que le están viendo en todo momento. Durante las últimas generaciones las madres de la sociedad moderna han entregado a sus hijos a las guarderías con muy poca edad para dedicarse a ganar dinero y tener muchas cosas materiales que para ellas son más importantes que estar con sus hijos. Esta falta de responsabilidad está creando una generación de hijos que no son conscientes de la presencia de HaShem en sus vidas. Son vacíos. Tendrán dificultades para cultivar una relación personal con Dios. Para ellos Dios está demasiado lejos para poder comunicarse con ellos. Y aunque pudiera hacerlo, no estará interesado en la vida personal de un joven. Nada más lejos de la verdad. Este vacío emocional ha sido creado por la ausencia de la madre durante los primeros años de la vida de nuestros jóvenes.

Estamos viviendo en el tiempo de la restauración de todas las cosas y tenemos que retomar estas verdades para que nuestros futuros hijos no sean una presa fácil para el anti mesías y el falso profeta que pronto se van a levantar para engañar y arrastrar tras sí a los que no son conscientes de la presencia de HaShem en sus vidas.

Hay otros muchos aspectos del carácter de HaShem que el niño aprende de pequeño por medio de su madre. Por medio de ella, en primer lugar, conocerá la misericordia de HaShem. Del padre, en primer lugar, aprenderá la justicia de Dios, las normas, las consecuencias del pecado, etc. Los dos padres son vitales para que el niño conozca a HaShem desde su infancia, antes de que pueda comprender las Escrituras. Los padres viven el carácter de HaShem en su relación con sus hijos. El papel de los padres es reflejar a HaShem en la vida del niño, como está escrito en Efesios 6:4:

“Y vosotros, padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos, sino criadlos en la disciplina e instrucción del Señor.” (LBLA)

HaShem es el ejemplo que los padres deben seguir para la educación de sus hijos. Cómo hace Él con sus hijos, así deben hacer los padres con sus hijos, como está escrito en Hebreos 12:7-10:

“Es para vuestra corrección que sufrís; Dios os trata como a hijos; porque ¿qué hijo hay a quien su padre no discipline? Pero si estáis sin disciplina, de la cual todos han sido hechos participantes, entonces sois hijos ilegítimos y no hijos verdaderos. Además, tuvimos padres terrenales para disciplinarnos, y los respetábamos, ¿con cuánta más razón no estaremos sujetos al Padre de nuestros espíritus, y viviremos? Porque ellos nos disciplinaban por pocos días como les parecía, pero Él nos disciplina para nuestro bien, para que participemos de su santidad.” (LBLA)

12:6  “Cuando se cumplan los días de su purificación por un hijo o por una hija, traerá al sacerdote, a la entrada de la tienda de reunión, un cordero de un año como ofrenda de ascensión, y un pichón o una tórtola como ofrenda por el pecado.” (LBLA) – La madre tendrá que presentarse en el templo después de un parto. Si es un hijo será a partir del día 41 de su nacimiento, y si es una hija, a partir del día 81. Ella tiene que entregar dos animales para dos sacrificios, de ascensión y de pecado, olá y jatat.

La olá representa la entrega total. Esto nos enseña, en primer lugar, que la madre ahora tiene la oportunidad de renovar su entrega a HaShem, por medio de este sacrificio. A pesar del nacimiento de un hijo o una hija, ella tiene que seguir viviendo para HaShem. El nacimiento de un hijo constituye una de las cosas más impresionantes en la vida de una mujer. Es fácil que se olvide de su compromiso con HaShem. Es fácil que el niño tome el lugar de HaShem para ser lo más importante en su vida. Es fácil que se olvide de su Padre celestial. Ella necesita reafirmar que el nacimiento constituye el cumplimiento de un llamado de HaShem. Es HaShem que quiere que ella tenga hijos. Conforme ella se entregue a Él, podrá educar a sus hijos correctamente, según Su voluntad.

Por otro lado el sacrificio de olá representa la entrega del niño a HaShem. Los hijos no pertenecen a los padres, sino al Padre de los espíritus. Los padres tienen la responsabilidad de educar a los niños en el camino de HaShem, porque nacieron para Él, como está escrito en Malaquías 2:15:

“Pero ninguno que tenga un remanente del Espíritu lo ha hecho así. ¿Y qué hizo éste mientras buscaba una descendencia de parte de Dios? Prestad atención, pues, a vuestro espíritu; no seas desleal con la mujer de tu juventud.” (LBLA)

HaShem quiere tener una descendencia, muchos hijos. Los padres colaboran con Él para que tenga muchos hijos, y así cumplen con Su deseo. Los hijos no son de los padres, son de HaShem. La olá que la madre tiene que entregar a HaShem representa esta verdad. En el momento de ofrecer la olá ella no solamente se entrega a si misma, sino también a su hijo a HaShem.

“un pichón o una tórtola como ofrenda por el pecado” – ¿Por qué la mujer tenía que dar una ofrenda por el pecado? ¿Cuál fue el pecado de la mujer? Se pueden encontrar varias respuestas:

a.       Es posible que ella haya expresado palabras malignas durante los dolores del parto y por eso necesita ofrecer un sacrificio de pecado. (Shimón bar Yojai)

b.      Hay una necesidad de expiar sus pecados por causa de haber pasado por una prueba. En una prueba todos cometen pecados. (Abarbanel)

c.       El pecado entró en el mundo por la mujer, y mediante el sacrificio de pecado ella está expiando por ese error. (Bejai)

d.      Todo el proceso de procreación fue dañado cuando el pecado entró en el mundo. Un parto después de la caída no es lo que debería ser. Un parto doloroso es un resultado del pecado de Javá, cf. Génesis 3:16. La concepción y el parto de un niño están hechos en un mundo de pecado, como está escrito en el Salmo 51:5:

“yo nací en iniquidad y en pecado me concibió mi madre.” (LBLA revisada)

El yetser hará es transmitido al niño cuando es engendrado. En una herencia pecaminosa. Por esa transmisión hay una culpa sobre la madre y tiene que presentar un sacrificio por el pecado.

e.       Pueden ser transmitidos al niño, aún estando en el vientre de su madre, complejos, actitudes de rechazo, inferioridad y otras actitudes originadas en el pecado. La mujer no ha podido engendrar un hijo perfecto, sin pecado. Tendrá que presentar esta ofrenda, por haber traído al mundo un ser pecaminoso, no como HaShem lo hizo en el principio.

El nacimiento de Yeshúa

o       La circuncisión, a los ocho días.

En Lucas 2:21 está escrito:

“Cuando se cumplieron los ocho días para circuncidarle, le pusieron por nombre Yeshúa, el nombre dado por el ángel antes de que él fuera concebido en el seno materno.” (LBLA revisada)

Yeshúa fue circuncidado al octavo día. Aquí vemos que se le dio el nombre de Yeshúa en relación con la circuncisión, cf. Génesis 17:5, 10. Esta costumbre judía, que todavía se sigue hoy en día, no está mencionada en el Talmud, pero sí en Los Escritos Mesiánicos, cf. Lucas 1:59.

o       La redención del hijo varón primogénito, después de un mes, cf. Éxodo 13:1, 12; 22:29; 34:19-20; Números 3:12-13; 18:15-16.

En Lucas 2:22b-23 está escrito:

“le trajeron a Jerusalem para presentarle al Señor (como está escrito en la Torá del Señor: TODO VARÓN QUE ABRA LA MATRIZ SERÁ LLAMADO SANTO PARA HASHEM)” (LBLA revisada)

El precio del rescate de un niño primogénito es de cinco shekels. Este precio se podía pagar a partir de la edad de los 30 días del niño. Es posible que Yosef lo haya pagado a los 30 días del nacimiento de Yeshúa, pero lo más probable es que hayan hecho las dos cosas a la vez, 41 días después del parto: la redención del primogénito, en hebreo pidyón habén, y la presentación de los sacrificios de la madre.

La idea detrás del precio de rescate es que todo varón primogénito pertenece a HaShem como sacerdote. Además de esto, los primogénitos fueron especialmente consagrados cuando todos los primogénitos de los egipcios fueron matados por el ángel destructor. Un cordero fue sacrificado para preservar la vida de los primogénitos de los hijos de Israel justamente antes de su salida de la esclavitud. En ese momento HaShem santificó para sí a todos los primogénitos de Israel. Sin embargo, por el pecado del becerro de oro, los primogénitos perdieron el derecho de ser sacerdotes. Ese derecho fue traspasado a los levitas. Aún así, los varones primogénitos pertenecen todavía a HaShem de una manera especial. Por eso tendrán que ser presentados ante Él en el templo un mes después de su nacimiento para así ser redimidos y poder volver a estar con sus padres.

Si Israel no hubiera pecado con el becerro de oro, Yeshúa sería uno de los sacerdotes en el templo en Jerusalem.

o       La purificación de la madre, después de 40 días.

En Lucas 2:22 está escrito:

“Cuando se cumplieron los días para la purificación de ellos, según la Torá de Moshé, le trajeron a Jerusalem para presentarle al Señor.” (LBLA revisada)

Después de 40 los días Miryam ya estaba ritualmente pura para poder entrar en el templo. Aquí habla de la purificación “de ellos”. La Torá no enseña que el niño necesitaba purificación después del nacimiento. Fue sólo la madre que necesitaba purificarse. ¿Por qué dice el texto que “ellos” fueron purificados?

Lucas podría haber incluido el rito de la redención del hijo primogénito en esta expresión. Pero es también probable que no se tratara del niño, sino de Yosef. El se purificó en Yerushalayim. Para poder entrar en el templo, todos necesitaban purificarse. Es posible que este texto haga referencia a este hecho cuando Yosef y Miryam se purificaron antes de entrar en el templo para presentar a su hijo ante HaShem.

o       Presentación de sacrificios por la madre, después de 40 días.

Lo normal era que la mujer presentara un cordero como olá y un pájaro como jatat. Pero si no tenía recursos para dar un cordero podía dar dos pájaros, como está escrito en Levítico 12:8:

“Pero si no le alcanzan los recursos para ofrecer un cordero, entonces tomará dos tórtolas o dos pichones, uno para la ofrenda de ascensión y el otro para la ofrenda por el pecado; y el sacerdote hará expiación por ella, y quedará limpia.” (LBLA)

En Lucas 2:24 está escrito:

“y para ofrecer un sacrificio conforme a lo dicho en la Torá del Señor: UN PAR DE TÓRTOLAS O DOS PICHONES.” (LBLA revisada)

Este texto nos muestra que Yosef y Miryam no tenían suficiente dinero para ofrecer un cordero. Lo maravilloso aquí es que ya tenían un “Cordero”. Ese Cordero fue entregado a HaShem y luego redimido. Por eso no necesitaban otro cordero, sino sólo un pájaro, que representaba la entrega total de la madre y el hijo a HaShem.

Según mi entendimiento, Miryam no transmitió el yetser hará a Yeshúa de manera común, como está escrito en Romanos 8:3:

“Pues lo que la ley no pudo hacer, ya que era débil por causa de la carne, Dios lo hizo: enviando a su propio Hijo en semejanza de carne de pecado y como ofrenda por el pecado, condenó al pecado en la carne” (LBLA)

Yeshúa no tenía “carne de pecado”, no tenía ningún pecado, ningún yetser hará activada, en su carne. Miryam dio a luz a un cuerpo que tenía la “semejanza de carne de pecado”, pero no “carne de pecado”, solo la semejanza. Yeshúa no tenía un cuerpo glorioso como lo había tenido Adán antes de caer.

En Mateo 13:43 está escrito:

“Entonces LOS JUSTOS RESPLANDECERÁN COMO EL SOL en el reino de su Padre. El que tiene oídos, que oiga.” (LBLA)

Yeshúa no brillaba cuando nació, aunque era Justo.

12:8  “Pero si no le alcanzan los recursos para ofrecer un cordero, entonces tomará dos tórtolas o dos pichones, uno para la ofrenda de ascensión y el otro para la ofrenda por el pecado; y el sacerdote hará expiación por ella, y quedará limpia.” (LBLA) – Este texto nos muestra que Miryam, la madre de Yeshúa, tenía pecado. El mito de la inmaculada concepción de la llamada “virgen María” no tiene ninguna base en las Escrituras. Podemos mencionar algunos otros textos que hablan de que la madre de Yeshúa tenía pecados y necesitaba el perdón de ellos:

En Lucas 1:47 está escrito:

“y mi espíritu se regocija en Dios mi Salvador.” (LBLA)

Ella necesitaba un salvador para no morir en sus pecados. Necesitaba que el Padre celestial le salvara. Las Escrituras enseñan que “la virgen María” necesitaba salvación. Si hubiera sido engendrada de manera inmaculada, no necesitaría un Salvador porque sería perfecta, sin pecado.

En Marcos 3:21, 31-35 está escrito:

“Cuando sus parientes oyeron esto, fueron para hacerse cargo de él, porque decían: Está fuera de sí…Entonces llegan su madre y sus hermanos, y quedándose afuera, mandaron llamarle. Y había una multitud sentada alrededor de él, y le dicen: He aquí, tu madre y tus hermanos están afuera y te buscan. Respondiéndoles él, dice: ¿Quiénes son mi madre y mis hermanos? Y mirando en torno a los que estaban sentados en círculo, a su alrededor, dice: He aquí mi madre y mis hermanos. Porque cualquiera que hace la voluntad de Dios, ése es mi hermano y hermana y madre.” (LBLA)

En este momento Miryam pensaba que Yeshúa estaba loco, y por eso vino con sus otros hijos para “hacerse cargo de él”. Por ello, en ese momento Yeshúa no la reconoce como su madre diciendo que ella no estaba haciendo la voluntad de Dios. Esto es una muestra clara de que en un momento de su vida ella estaba equivocada en su apreciación del llamado de su hijo, como está escrito en el Salmo 69:8:

“Me he convertido en extraño para mis hermanos, y en extranjero para los hijos de mi madre.” (LBLA)

Este Salmo es una profecía mesiánica, según vemos en el versículo 9, donde está escrito:

“Porque el celo por tu casa me ha consumido, y los vituperios de los que te injurian han caído sobre mí.” (LBLA)

Este versículo está aplicado sobre el Mesías en Juan 2:17 y Romanos 15:3, donde está escrito:

“Sus discípulos se acordaron de que estaba escrito: EL CELO POR TU CASA ME CONSUMIRÁ… Pues ni aun el Mesías se agradó a sí mismo; antes bien, como está escrito: LOS VITUPERIOS DE LOS QUE TE INJURIABAN CAYERON SOBRE MÍ.” (LBLA revisada)

Esto nos enseña que en un momento de la vida de Yeshúa, ni su madre, ni sus hermanos, hijos de su madre, creyeron en él, cf. Juan 7:5.

Este Salmo también nos enseña que sus hermanos eran los hijos físicos de su madre, producto de la unión entre Yosef y Miryam.

13:2  “Cuando un hombre tenga en la piel de su cuerpo una mancha clara, una mancha blanquecina o una mancha brillante, y se convierta en afección de tsaráat en la piel de su cuerpo, será traído al sacerdote Aharón o a uno de sus hijos, los sacerdotes.” (LBLA revisada) – Ahora la Torá introduce el tema acerca de la impureza causada por una plaga que es llamada tsaráat. Esa plaga no tiene los mismos síntomas que la enfermedad llamada “lepra”. Por lo tanto, al traducir la palabra tsaráat en “lepra” se crea una idea equivocada en los lectores. Aquí no se trata de la enfermedad lepra, sino de otra cosa.

Hay dos pensamientos fundamentales en cuanto a esta plaga. Algunos dicen que se trata de una enfermedad que ha sido extinguida, pero la mayoría de los comentaristas piensan que es una plaga sobrenatural que HaShem pone sobre las personas que cometen ciertos pecados, especialmente el pecado de lashón hará, calumnia. La tsaráat es descrita en dos largos capítulos, lo cual nos enseña que este tema es muy importante. Hay algunos otros textos en las Escrituras que hablan de esta plaga. Esos textos nos pueden enseñar algo más sobre su origen.

En Éxodo 4:6-7 está escrito

“Y añadió HaShem: Ahora mete la mano en tu seno. Y él metió la mano en su seno, y cuando la sacó, he aquí, su mano estaba leprosa, blanca como la nieve. Entonces Él dijo: Vuelve a meter la mano en tu seno. Y él volvió a meter la mano en su seno, y cuando la sacó de su seno, he aquí, se había vuelto como el resto de su carne.” (LBLA revisada)

Moshé tuvo tsaráat en su mano como una señal. Él había hablado lashón hará contra el pueblo de Israel diciendo que no le iban a creer, cf. Éxodo 4:1.

En Números 12:1-10 está escrito:

“Entonces Miriam y Aharón hablaron contra Moshé por causa de la mujer cusita con quien se había casado (pues se había casado con una mujer cusita); y dijeron: ¿Es cierto que HaShem ha hablado sólo mediante Moshé? ¿No ha hablado también mediante nosotros? Y HaShem lo oyó. (Moshé era un hombre muy humilde, más que cualquier otro hombre sobre la faz de la tierra.) Y HaShem de repente dijo a Moshé, a Aharón y a Miriam: Salid vosotros tres a la tienda de reunión. Y salieron los tres. Entonces HaShem descendió en una columna de nube y se puso a la puerta de la tienda; y llamó a Aharón y a Miriam. Y cuando los dos se adelantaron, Él dijo: Oíd ahora mis palabras: Si entre vosotros hay profeta, yo, HaShem, me manifestaré a él en visión. Hablaré con él en sueños. No así con mi siervo Moshé; en toda mi casa él es fiel. Cara a cara hablo con él, abiertamente y no en dichos oscuros, y él contempla la imagen de HaShem. ¿Por qué, pues, no temisteis hablar contra mi siervo, contra Moshé? Y se encendió la ira de HaShem contra ellos, y Él se fue. Pero cuando la nube se retiró de sobre la tienda, he aquí que Miriam estaba leprosa, blanca como la nieve. Y cuando Aharón se volvió hacia Miriam, vio que estaba leprosa.” (LBLA revisada)

El texto hebreo muestra que la plaga que vino sobre Miriam es de la misma clase que la que aparece en Levítico 13. Miriam fue golpeada por HaShem con esta plaga por haber hablado mal contra Moshé. Vemos como la lashón hará causó esta intervención divina.

En Deuteronomio 24:8-9 está escrito:

“Cuídate de una afección de lepra, para que observes diligentemente y hagas conforme a todo lo que los sacerdotes levitas os enseñen; como les he ordenado, así cuidaréis de hacer. Recuerda lo que HaShem tu Dios hizo a Miriam en el camino, cuando salíais de Egipto.” (LBLA revisada)

Este texto nos insta a tener cuidado con esta plaga y recordar lo que pasó con Miriam.

En 2 Crónicas 26:16-19 está escrito:

“Pero cuando llegó a ser fuerte, su corazón se hizo tan orgulloso que obró corruptamente, y fue infiel a HaShem su Dios, pues entró al templo de HaShem para quemar incienso sobre el altar del incienso. Entonces el sacerdote Azaryá entró tras él, y con él ochenta sacerdotes de HaShem, hombres valientes, y se opusieron al rey Uziyá, y le dijeron: No te corresponde a ti, Uziyá, quemar incienso a HaShem, sino a los sacerdotes, hijos de Aharón, que son consagrados para quemar incienso. Sal del santuario, porque has sido infiel y no recibirás honra de HaShem Dios. Pero Uziyá, con un incensario en su mano para quemar incienso, se llenó de ira; y mientras estaba airado contra los sacerdotes, la lepra le brotó en la frente, delante de los sacerdotes en la casa de HaShem, junto al altar del incienso.” (LBLA revisada)

El rey Uziyá fue castigado por entrar en el ministerio sacerdotal que no le correspondía. Esto nos enseña que esta plaga no cae solamente sobre una persona que ha cometido el pecado de lashón hará, sino también puede venir por otros motivos.

En 2 Reyes 5:1-27 está escrito:

“Y Naamán, capitán del ejército del rey de Aram, era un gran hombre delante de su señor y tenido en alta estima, porque por medio de él HaShem había dado la victoria a Aram. También el hombre era un guerrero valiente, pero leproso. Y habían salido los arameos en bandas y habían tomado cautiva a una muchacha muy joven de la tierra de Israel, y ella estaba al servicio de la mujer de Naamán. Y ella dijo a su señora: ¡Ah, si mi señor estuviera con el profeta que está en Shomrón! El entonces lo curaría de su lepra. Naamán entró y habló a su señor, diciendo: Esto y esto ha dicho la muchacha que es de la tierra de Israel. Entonces el rey de Aram dijo: Ve ahora, y enviaré una carta al rey de Israel. Y él fue y llevó consigo diez talentos de plata y seis mil siclos  de oro y diez mudas de ropa. También llevó al rey de Israel la carta que decía: Y ahora, cuando llegue a ti esta carta, he aquí, verás que te he enviado a mi siervo Naamán para que lo cures de su lepra. Y sucedió que cuando el rey de Israel leyó la carta, rasgó sus vestidos, y dijo: ¿Acaso soy yo Dios, para dar muerte y para dar vida, para que éste me mande a decir que cure a un hombre de su lepra? Pero considerad ahora, y ved cómo busca pleito conmigo. Y al oír Elisha, el hombre de Dios, que el rey de Israel había rasgado sus vestidos, envió aviso al rey diciendo: ¿Por qué has rasgado tus vestidos? Que venga él a mí ahora, y sabrá que hay profeta en Israel. Vino, pues, Naamán con sus caballos y con su carro, y se paró a la entrada de la casa de Elisha. Y Elisha le envió un mensajero, diciendo: Ve y lávate en el Yaradén siete veces, y tu carne se te restaurará, y quedarás limpio. Pero Naamán se enojó, y se iba diciendo: He aquí, yo pensé: "Seguramente él vendrá a mí, y se detendrá e invocará el nombre de HaShem su Dios, moverá su mano sobre la parte enferma y curará la lepra.” (LBLA revisada) ¿No son el Abaná y el Farfar, ríos de Damesek, mejor que todas las aguas de Israel? ¿No pudiera yo lavarme en ellos y ser limpio? Y dio la vuelta, y se fue enfurecido. Pero sus siervos se le acercaron y le hablaron, diciendo: Padre mío, si el profeta te hubiera dicho que hicieras alguna gran cosa, ¿no la hubieras hecho? ¡Cuánto más cuando te dice: "Lávate, y quedarás limpio"! Entonces él bajó y se sumergió siete veces en el Yardén conforme a la palabra del hombre de Dios; y su carne se volvió como la carne de un niño pequeño, y quedó limpio. Y regresó al hombre de Dios con toda su compañía, y fue y se puso delante de él, y dijo: He aquí, ahora conozco que no hay Dios en toda la tierra, sino en Israel. Te ruego, pues, que recibas ahora un presente de tu siervo. Pero él respondió: Vive HaShem, delante de quien estoy, que no aceptaré nada. Y Naamán le insistió para que lo recibiera, pero él rehusó. Y Naamán dijo: Pues si no, te ruego que de esta tierra, se le dé a tu siervo la carga de un par de mulos, porque tu siervo ya no ofrecerá ofrendas de ascensión ni sacrificará a otros dioses, sino a HaShem. Que HaShem perdone a tu siervo en esto: Cuando mi señor entre en el templo de Rimón para adorar allí y se apoye en mi mano, y yo me incline en el templo de Rimón cuando tenga que adorar allí, que HaShem perdone a tu siervo por esto. Y él le dijo: Vete en paz. Y se alejó de él a cierta distancia. Pero Guejazi, criado de Elisha, el hombre de Dios, dijo para sí: He aquí, mi señor ha dispensado a este Naamán arameo al no recibir de sus manos lo que él trajo. Vive HaShem que correré tras él y tomaré algo de él. Y Guejazi siguió a Naamán. Cuando Naamán vio a uno corriendo tras él, bajó de su carro a encontrarle, y dijo: ¿Está todo bien? Y él dijo: Todo está bien. Mi señor me ha enviado, diciendo: "He aquí, en este momento dos jóvenes de los hijos de los profetas han venido a mí de la región montañosa de Efrayim. Te ruego que les des un talento de plata y dos mudas de ropa.” (LBLA revisada) Y Naamán dijo: Dígnate aceptar dos talentos. Y le insistió y ató dos talentos de plata en dos bolsas con dos mudas de ropa, y los entregó a dos de sus criados; y éstos los llevaron delante de él. Cuando llegó al monte, los tomó de sus manos y los guardó en la casa, luego despidió a los hombres y ellos se fueron. Entonces él entró y se puso delante de su señor. Y Elisha le dijo: ¿Dónde has estado, Guejazi? Y él respondió: Tu siervo no ha ido a ninguna parte. Entonces él le dijo: ¿No iba contigo mi corazón, cuando el hombre se volvió de su carro para encontrarte? ¿Acaso es tiempo de aceptar dinero y de aceptar ropa, olivares, viñas, ovejas, bueyes, siervos y siervas? Por tanto, la lepra de Naamán se te pegará a ti y a tus descendientes para siempre. Y él salió de su presencia leproso, blanco como la nieve.” (LBLA revisada)

Este texto nos enseña que Naamán, un gentil, tenía tsaráat. Así que esta plaga no solamente cae sobre los hijos de Israel sino también sobre los gentiles. El siervo de Elisha, Guejazi, mintió y hurtó y por estos dos pecados vino la tsaráat sobre él y sobre sus hijos. Esto nos enseña que no solamente es aplicada sobre el que peca con lashón hará sino también por otros delitos. El Talmud[3] menciona siete pecados que traen la plaga de tsaráat sobre el que no se arrepiente: lashón hará, asesinato, inmoralidad, falso juramento, arrogancia, robo y avaricia.

13:3  “Y el sacerdote mirará la afección en la piel del cuerpo; y si el pelo en la afección se ha vuelto blanco, y la afección parece más profunda que la piel de su cuerpo, es una afección de tsaráat; cuando el sacerdote lo haya examinado lo declarará impuro.” (LBLA revisada) – Esta plaga tiene tres síntomas:

1.      Los pelos son blancos y el área afectada parece más profunda que el resto de la piel, v. 3.

2.      La mancha se extiende sobre la piel, v. 7.

3.      Hay carne viva en la mancha, v. 10.

Los sacerdotes tienen la autoridad para declarar tamé o tahor, impuro o puro, a una persona o un objeto. Cuando la persona tiene esta plaga no se vuelve impura hasta que el sacerdote haya hecho una declaración de impureza. Tampoco se vuelve pura hasta que el sacerdote le declare pura. Así que, finalmente es la palabra del sacerdote que decide cuándo la persona es tamé o tahor. La declaración del sacerdote tenía una implicación social importante. El afectado no podía vivir dentro de la comunidad, sino tenía que vivir sólo, fuera del campamento o fuera de una ciudad si estaba amurallada.

Según Maimónides, el propósito de la declaración de tamé es:

·         Alejar todo desaseo.

·         Preservar el santuario.

·         Precaverse de las costumbres vulgares que en tales casos de impureza imponían los sabeos.

·         Aligerar tan penosa carga y conseguir que lo que es y no es impuro no entorpeciera al hombre en ninguna de sus ocupaciones, ya que esa materia solamente concierne al santuario y las cosas sacras.

13:6 “El sacerdote lo examinará de nuevo al séptimo día; y si la afección ha atenuado, y la afección no se ha extendido en la piel, entonces el sacerdote lo declarará limpio; es sólo una postilla. Y lavará sus vestidos y quedará limpio.” (LBLA) – Una enfermedad necesita sanidad, pero una persona que ha sido afectada por tsaráat necesita ser limpiada. Aunque Moshé pide a HaShem que sane a Miriam de esta plaga, cf. Números 12:13, en la gran mayoría de los textos no se habla de ser sanado, sino de ser limpio, en hebreo tahor, cf. 2 Reyes 5:10.

En Mateo 8:2-4 está escrito:

“Y he aquí, se le acercó un leproso y se postró ante él, diciendo: Señor, si quieres, puedes limpiarme. Y extendiendo la mano, lo tocó, diciendo: Quiero; sé limpio. Y al instante quedó limpio de su lepra. Entonces Yeshúa le dice: Mira, no se lo digas a nadie, sino ve, muéstrate al sacerdote y presenta la ofrenda que ordenó Moshé, para que les sirva de testimonio a ellos.” (LBLA revisada)

En este texto no se habla de sanar una enfermedad sino de limpiar de la plaga de tsaráat. Yeshúa no dijo: “sé sanado”, sino “sé limpio”. Yeshúa no le sanó sino lo limpió. Esto nos da pie a pensar que no se trata de una enfermedad como las otras, sino de una plaga sobrenatural que viene sobre el que no se arrepiente a tiempo.

13:12-13 “Y si la tsaráat brota y se extiende en la piel, y la tsaráat cubre toda la piel del que tenía la afección, desde su cabeza hasta sus pies, hasta donde pueda ver el sacerdote, entonces el sacerdote mirará, y he aquí, si la tsaráat ha cubierto todo su cuerpo, declarará limpio al que tenía la afección; se ha vuelto toda blanca y él es limpio.” (LBLA revisada) – En Isaías 1:18 se encuentra una referencia a este versículo, según está escrito:

“Venid ahora, y razonemos -dice HaShem- aunque vuestros pecados sean como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; aunque sean rojos como el carmesí, como blanca lana quedarán.” (LBLA revisada)

De esto aprendemos que la tsaráat está simbolizando el pecado. El pecado es lepra, tsaráat, para el alma.

13:45-46 “En cuanto al afectado de tsaráat que tenga la afección, sus vestidos estarán rasgados, dejará crecer el cabello de su cabeza, se cubrirá el bigote y gritará: ¡Impuro, impuro! Permanecerá impuro todos los días que tenga la afección; es impuro. Vivirá solo; su morada estará fuera del campamento.” (LBLA revisada) – Una persona afectada por esta plaga no podía vivir con los demás. Si su pecado había sido lashón hará, que tiene que ver con la relación social, ya no podía tener contacto con los demás, tenía que vivir solo. Ni siquiera tenía el derecho de asociarse con otras personas impuras. Así no podía pecar más con su lengua.

En Mateo 26:6 está escrito:

“Y hallándose Yeshúa en Beit-Anyá, en casa de Shimón el leproso” (LBLA revisada)

Si un “leproso” no podía vivir con los demás, ¿cómo es posible que se diga que Yeshúa estaba en la casa de un “leproso”, uno que tenía la plaga de tsaráat? Podemos presentar algunas interpretaciones diferentes:

·         Shimón había tenido tsaráat y había sido limpiado.

·         Shimón no estaba viviendo en su casa en esos momentos, sino sólo, fuera de la ciudad.

·         La traducción no es correcta. En la Biblia aramea se usa la palabra garabá, que significa “alfarero”, “artesano”. La palabra aramea garbá significa “leproso”. Por lo tanto, vemos que los que tradujeron el texto al griego del arameo cometieron un error al entender la palabra garabá como garbá, alfarero como leproso. Una traducción correcta del arameo sería entonces: La casa de Simón el alfarero. Esta es una de las evidencias de que los textos de Mateo y Marcos (ver 14:3) no fueron escrito en griego originalmente.

El hecho de que la Torá está tomando mucho espacio explicando todos los detalles en cuanto a la plaga de tsaráat, “lepra”, ha hecho que los sabios de nuestro pueblo hayan conectado esta plaga con el Mesías. En el Talmud[4] está escrito:

“Rab dijo: El mundo fue creado sólo por causa de David.[5] Shmuel dijo: Por causa de Moshé;[6] R. Yojanán dijo: Por causa del Mesías. ¿Cuál es su nombre? – La Escuela de R. Shila dijo: Su nombre es Shiló, porque está escrito, hasta que venga Shiló.[7] La Escuela de R. Yanai dijo: Su nombre es Yinón, porque está escrito, Su nombre permanecerá para siempre:[8] mientras dure el sol, su nombre es Yinón.[9] La Escuela de R. Janiná sostenía: Su nombre es Janiná, como está escrito, Donde no os mostraré Janiná (clemencia).[10] Otros dicen: Su nombre es Menajem hijo de Jizkiyá, porque está escrito, porque lejos de mí está Menajem (el consolador), el que reanima mi alma.[11] Los rabinos dijeron: Su nombre es “el estudioso leproso”, como está escrito, Ciertamente llevó nuestras penas, y cargó nuestras tristezas: sin embargo, nosotros le consideramos como un leproso, herido de Dios y afligido.[12]

Cuando en el Talmud aparece la expresión: “los rabinos dijeron”, significa que esta es la línea oficial de interpretación del judaísmo rabínico de la época. Esto nos enseña, en primer lugar, que el Talmud identifica Isaías 53 con el Mesías. En segundo lugar, está destacando el hecho de que el Mesías tenía que ser “leproso”, en el sentido de que tendría que cargar las enfermedades y los pecados del pueblo.

¿Quién es ese Mesías?

¡Su nombre es Yeshúa!

Metsorá

Significa “el que tiene tsaráat”.

Comentarios 

HaShem ha puesto su morada entre los hijos de Israel. Su presencia santa requiere que los hijos de Israel vivan una vida santa. El santuario terrenal puede ser contaminado por medio de las impurezas rituales de los hijos de Israel, y para evitarlo, ellos necesitan conocer todas las normas acerca de lo que produce impureza y cómo ser libres de ella. Por esta razón, en los capítulos 11 hasta 15 de Levítico, la Torá va desarrollando una enseñanza profunda en cuanto a la impureza ritual. Por medio del cumplimiento de estas reglas el pueblo podrá vivir en un campamento donde mora la presencia divina. El capítulo 11 habla de la prohibición de comer animales impuros. El tipo de impureza que es producida por medio de eso no puede ser eliminado por medio de ritos de purificación y es más grave que el resto. Al tocar los cadáveres de los animales impuros se produce la impureza ritual en los hombres, pero esta impureza puede ser eliminada por medio de actos de purificación. El capítulo 12 habla de la impureza producida en la mujer por un parto. El capítulo 13 habla de la impureza producida por la plaga de tsaráat, traducida como “lepra”. En el capítulo 14 se habla de la purificación de tsaráat en una persona y cómo tratar con esa plaga en una casa. En el capítulo 15 se encuentra la enseñanza de la impureza ritual producida por flujos que vienen de los aparatos reproductores del hombre y de la mujer.

Todas estas instrucciones han sido dadas con el fin de evitar que el tabernáculo sea contaminado y el pueblo dañado por la presencia divina que está en medio de ellos, tanto en el desierto como luego en la tierra prometida. Las reglas en cuanto a la impureza ritual tienen que ver con la santidad en relación con la presencia física de HaShem dentro el pueblo de Israel, en el tabernáculo y en el templo. Algunas de estas reglas son aplicables solamente cuando hay un santuario, como por ejemplo las que requieren sacrificios. Pero otras de estas reglas son aplicables aún en la ausencia del santuario, como las del cashrut y de nidá. Mientras que no tenemos templo, no podemos guardar las leyes que tienen que ver con los sacrificios, pero sí podemos guardar las reglas de no comer animales inmundos y la purificación de nuestros cuerpos por medio de una mikvé. El pueblo judío sigue guardando las instrucciones en cuanto a la pureza ritual que son aplicables sin el santuario, porque sigue siendo un pueblo santo.

Las reglas de tsaráat sólo son aplicables dentro de la tierra de Israel cuando hay templo, así que no aplicarán hasta que el tercer templo sea construido.

En la parashá pasada vimos como el Talmud menciona que el nombre del Mesías es “el estudioso leproso”. Por lo tanto las leyes de la purificación de tsaráat están íntimamente relacionadas con él, y más concretamente con su muerte y resurrección, como veremos a continuación.

Primera aliyá, 14:1-12

14:2  “Esta será la ley del leproso en los días de su purificación. Será llevado al sacerdote” (LBLA) – Según mi conocimiento, antes de venir Yeshúa no había habido ningún caso de tsaráat en la historia de Israel, que haya podido cumplir este mandamiento de la Torá en cuanto a mostrarse ante el sacerdote y presentar la ofrenda después de haber sido sanado, excepto el caso de Miryam, la hermana de Moshé. Ella fue golpeada con esta plaga y seguramente cumplió con este mandamiento, cf. Números 12. Naamán, el siervo sirio, fue limpiado de su tsaráat cuando se sumergió en el río Yardén por mandato del profeta Elishá. Pero como él no era israelita, no fue aplicado sobre él el mandamiento de ir al sacerdote y presentar ofrendas. ¿Entonces por qué la Torá ha dado estas instrucciones, si no han sido necesarias a lo largo de la historia de Israel? Como una respuesta a esta inquietud surgió la idea de que cuando venga el Mesías, una de las cosas que él hará es limpiar a los hombres de la tsaráat. Esa será una de las señales del verdadero Mashíaj. Por esto está escrito en Lucas 7:18-23:

“Entonces los discípulos de Yojanán le informaron de todas estas cosas. Y llamando Yojanán a dos de sus discípulos, los envió al Señor, diciendo: ¿Eres tú el que ha de venir, o esperamos a otro? Cuando los hombres llegaron a él, dijeron: Yojanán HaMatbil nos ha enviado a ti, diciendo: "¿Eres tú el que ha de venir, o esperamos a otro?" En esa misma hora curó a muchos de enfermedades y aflicciones, y malos espíritus, y a muchos ciegos les dio la vista. Y respondiendo él, les dijo: Id y contad a Yojanán lo que habéis visto y oído: los CIEGOS RECIBEN LA VISTA, los cojos andan, los leprosos quedan limpios y los sordos oyen, los muertos son resucitados y a los POBRES SE LES ANUNCIA LA BUENA NUEVA. Y dichoso es el que no se escandaliza de mí.” (LBLA revisada)

La expresión “el que viene” es una expresión mesiánica. El Mesías es “el que viene”, en hebreo habá. La respuesta que Yeshúa da a los discípulos de Yojanán nos enseña que el hecho de que los “leprosos” son limpiados es una de las señales que el pueblo esperaba para saber quién era el verdadero Mesías, cf. Isaías 29:18; 35:5-6.

En Mateo 8:3-4 está escrito:

“Y extendiendo la mano, lo tocó, diciendo: Quiero; sé limpio. Y al instante quedó limpio de su lepra. Entonces Yeshúa le dice: Mira, no se lo digas a nadie, sino ve, muéstrate al sacerdote y presenta la ofrenda que ordenó Moshé, para que les sirva de testimonio a ellos.” (LBLA revisada)

¿Cuál fue el testimonio que los sacerdotes iban a recibir? El testimonio de que el Mesías ya había venido. Por medio de este milagro, todos los sacerdotes en el templo podrían saber que el Mesías ya estaba presente. Seguramente esta es una de las razones por las que muchos de los sacerdotes luego creyeron en Yeshúa, como está escrito en Hechos 6:7:

“Y la palabra de Dios crecía, y el número de los discípulos se multiplicaba en gran manera en Jerusalén, y muchos de los sacerdotes obedecían a la fe.” (LBLA)

14:3  “y el sacerdote saldrá fuera del campamento. El sacerdote lo examinará, y si la afección ha sido sanada en el leproso” (LBLA) – Aquí vemos que aparece la palabra “sanado” en relación con la plaga de tsaráat. Como hemos dicho antes, las Escrituras hablan más de ser limpiado de esta plaga que de ser sanado. Pero este texto nos enseña que es obvio que hace falta un acto de sanidad para que una persona pueda ser limpiada de esta plaga.

14:4  “el sacerdote mandará tomar dos avecillas vivas y limpias, madera de cedro, lana carmesí e hisopo para el que ha de ser purificado.” (LBLA) – Los rabinos reconocen que no conocen a fondo el significado del por qué se usan estos ingredientes para la purificación del metsorá. Rashí y el Midrash[1] asocian las aves con las palabras sueltas de lashón hará que el metsorá habló para traer sobre sí la plaga de tsaráat. También asocian el cedro con la soberbia y el hisopo con la humildad. Como la soberbia es una de las razones por las que vino esta plaga sobre el hombre, ahora tendrá que ser purificado por medio de dos elementos que hablan de la soberbia y la humildad.

Por otro lado las Escrituras nos enseñan que las aves representan al hombre. Una de estas dos aves morirá y la otra será soltada libre. Esto puede representar dos cosas. En primer lugar representa al que tenía la plaga de tsaráat y que estaba como muerto, sin poder tener relación con nadie, expulsado fuera del campamento de Israel. Así el ave que tiene que morir, simboliza la muerte del metsorá. El ave viva que es soltada representa al metsorá que ahora es liberado de esta plaga mortal que le ataba.

En segundo lugar, y ante todo, las dos aves representan al Mesías, y específicamente su muerte y resurrección. El ave que muere anuncia la muerte del Mesías y el ave que es soltada anuncia la resurrección del Mesías. Todo el proceso de purificación de tsaráat está relacionado con el Mesías. Por eso podemos encontrar en este contexto también un trozo de madera que indica que la muerte del Mesías tiene que ocurrir sobre un madero. Como aquí se usa madera de cedro, es posible que la viga horizontal, donde fue colgado Yeshúa, haya sido de cedro.

En Números 19 el cedro, el hisopo y la lana carmesí también están mencionados como medios de purificación por medio de las ascuas de la vaca roja, como está escrito en el versículo 6:

“Y el sacerdote tomará madera de cedro, e hisopo y lana carmesí, y los echará en medio del fuego en que arde la novilla.” (LBLA)

El cedro es uno de árboles más altos. La madera de cedro fue la madera más cara y apreciada, cf. 2 Samuel 7:2, 7; 1 Reyes 6:9, 18.

La lana carmesí simboliza la sangre y el ministerio sacerdotal. La lana viene de la oveja y fue teñida en un color rojo. Esto nos habla también de la muerte del Mesías. El Mesías está representado por “el hilo rojo” que atraviesa toda la Escritura, cf. Josué 2:18, 21.

Mientras que el cedro es uno de los árboles más altos, el hisopo es una de las plantas más bajas. Por esta razón el rey Shelomó toma estas dos plantas como dos extremos, como está escrito en 1 Reyes 4:33a:

“Disertó sobre los árboles, desde el cedro que está en el Levanón hasta el hisopo que crece en la pared.” (LBLA revisada)

Parte del hisopo puede ser usado para absorber líquidos. Con el hisopo pudieron pintar los dos postes y el dintel en las casas en Egipto y también salpicar agua y sangre sobre el pueblo en el desierto, cf. Éxodo 12:22; Hebreos 9:19. El hisopo es mencionado por primera vez en relación con la redención de Egipto por medio de la sangre del cordero. También está incluido en la ceremonia de la purificación por medio de las aguas purificadoras producidas por medio de las ascuas de la vaca roja, como está escrito en Números 19:18:

“Y una persona limpia tomará hisopo y lo mojará en el agua, y lo rociará sobre la tienda y sobre todos los muebles, y sobre las personas que estuvieron allí y sobre aquel que tocó el hueso, o al muerto, o al que moría por causas naturales, o la tumba.” (LBLA)

En el Salmo 51:7 está escrito:

“Purifícame con hisopo, y seré limpio; lávame, y seré más blanco que la nieve.” (LBLA)

No cabe duda de que la purificación de la plaga de tsaráat es la base para la oración del rey David en este Salmo. Después de su pecado con la mujer de Urías, él pide ser purificado con hisopo, para así ser libre de la “lepra” del pecado. Ser más blanco que la nieve implica tener un estado de pureza superior al que tiene un hombre que está cubierto enteramente con la plaga de tsaráat de manera que se haya vuelto totalmente blanco, como está escrito en Levítico 13:13:

“entonces el sacerdote mirará, y he aquí, si la lepra ha cubierto todo su cuerpo, declarará limpio al que tenía la afección; se ha vuelto toda blanca y él es limpio.” (LBLA)

En Juan 19:29 está escrito:

“Había allí una vasija llena de vinagre; colocaron, pues, una esponja empapada del vinagre en una rama de hisopo, y se la acercaron a la boca.” (LBLA)

Es muy significativo que el hisopo vuelve a la escena en relación con la muerte de Yeshúa. Esto nos enseña que la muerte del Mesías está relacionada con el acto de purificación de la tsaráat.

14:5 “Después el sacerdote mandará degollar una de las avecillas en una vasija de barro sobre agua corriente.” (LBLA) – La vasija de barro representa al cuerpo humano, que fue sacado de la tierra, cf. 2 Corintios 4:7. El agua corriente puede representar la Torá o el Espíritu del Altísimo. El agua también podrá simbolizar la muerte, cf. 2 Samuel 14:14; Juan 19:34.

14:6  “En cuanto a la avecilla viva, la tomará junto con la madera de cedro, el cordón escarlata y el hisopo, y los mojará junto con la avecilla viva en la sangre del ave muerta sobre el agua corriente.” (LBLA) – La avecilla viva que está juntada con madera de cedro representa al Mesías que fue colgado sobre madera para así limpiar al hombre de la lepra del pecado. La avecilla viva es sumergida en la sangre del ave muerta. Esto representa el momento de la muerte de Yeshúa. El ave viva no es dejada en la sangre en el agua hasta que muera, sino es sacada de allí. Esto simboliza la muerte y resurrección del Mesías.

Las dos aves también podrían representar las dos inclinaciones dentro del hombre, el yetser hará y el yetser hatov, la mala inclinación y la buena inclinación. La primera de estas tiene que morir y la otra podrá vivir. Esto también es un resultado de la obra redentora del Mesías Yeshúa.

14:7  “Después rociará siete veces al que ha de ser purificado de la lepra, lo declarará limpio, y soltará al ave viva en campo abierto.” (LBLA) – El ave soltada simboliza la libertad del que es purificado y también de la vida de resurrección del hombre cuando finalmente será liberado del pecado y de la muerte. Esto también es un resultado de la muerte y resurrección del Mesías Yeshúa.

14:10 “En el octavo día tomará dos corderos sin defecto, una cordera de un año sin defecto, tres décimas de una efá de flor de harina mezclada con aceite como ofrenda de cereal y un log de aceite” (LBLA) – La purificación finalmente se llevó a cabo en el octavo día. El octavo día anuncia dos cosas: el día de la resurrección del Mesías, (el día después de una semana entera), que es la base para la liberación del hombre que ha sido infectado con la lepra del pecado. El octavo día también habla del octavo milenio después de Adam, cuando todos los hombres sobrevivientes, que no participaron de la primera resurrección, finalmente serán liberados del pecado. Durante el milenio estarán presentes los que sobrevivieron la última guerra contra Yerushalayim, cf. Zacarías 14; Revelación 19. Durante el reinado mesiánico habrá dos clases de hombres, los redimidos y los sobrevivientes. Los que antes habían puesto su fe en el Mesías Yeshúa serán resucitados y/o transformados para obtener cuerpos glorificados. Ellos son los redimidos. Ellos participarán de la primera resurrección.

Sin embargo, no todos los hombres serán transformados con la segunda venida del Mesías. Según entiendo, los que no son matados durante el resplandor de su venida, tendrán sus cuerpos mortales y vivirán en paz bajo el reinado mesiánico. Ellos son los sobrevivientes. Estos hombres mortales tendrán la oportunidad de pasar al siglo siguiente, en el octavo milenio después de Adam, pero bajo otras condiciones que los redimidos que participaron de la primera resurrección. Ellos también serán liberados del pecado, que todavía tenían durante el reino mesiánico, porque está escrito en 2 Pedro 3:13:

“Pero, según su promesa, nosotros esperamos nuevos cielos y nueva tierra, en los cuales mora la justicia.” (LBLA)

En esos nuevos cielos y nueva tierra, que vendrán después del reino milenial mesiánico, sólo morará la justicia. Así que el pecado habrá sido totalmente eliminado. El octavo milenio después de Adam, es decir, en la era que vendrá después del reinado mesiánico, no habrá pecado, y la lepra del pecado del hombre será finalmente eliminada. Esto también es un resultado de la muerte y resurrección del Mesías Yeshúa.

Segunda aliyá, 14:13-20

14:14 “Entonces el sacerdote tomará de la sangre de la ofrenda por la culpa, y la pondrá el sacerdote sobre el cartílago de la oreja derecha del que ha de ser purificado, sobre el pulgar de su mano derecha y sobre el pulgar de su pie derecho.” (LBLA revisada) – Es posible que este versículo muestra que el que es purificado necesitará la sangre sobre tres lugares que representan aquel pecado que le llevó a recibir la tsaráat. Si su oreja estuchó lashón hará, si metió la mano donde no debía y si puso su pie donde no le correspondía, fue golpeado con tsaráat. Por eso su purificación es aplicada sobre estos tres lugares de su cuerpo.

Este rito es muy similar al rito de la instalación de los sacerdotes en el tabernáculo, como está escrito en Éxodo 29:20:

“Y matarás el carnero, y tomarás de su sangre y la pondrás sobre el cartílago de la oreja derecha de Aharón, y sobre el cartílago de la oreja derecha de sus hijos, y sobre el pulgar de su mano derecha, y sobre el pulgar de su pie derecho, y rociarás el resto de la sangre en el altar por todos los lados.” (LBLA revisada)

¿Cómo vamos a entender esto? Tanto los sacerdotes como el que es purificado de tsaráat es objeto del mismo rito. Por un lado podríamos entenderlo como que el que había tenido tsaráat ahora tiene el derecho para acercarse al tabernáculo. En ese sentido se asemeja al ministerio del sacerdote que tiene el derecho de estar cerca de HaShem.

Sin embargo, por el otro lado hay algo más profundo aquí. Como el Mesías está asociado con un hombre “leproso”, llamado en el Talmud “el estudioso leproso”, todo este proceso de purificación del metsorá está hablando de lo que el Mesías tenía que pasar para poder entrar en su gloria. Como él no tenía propio pecado, pudo cargar sobre sí el pecado de todo el mundo. De esta manera la lepra del pecado del hombre fue cargada sobre él, como está escrito en Isaías 53:4-6:

“Ciertamente él llevó nuestras enfermedades, y cargó con nuestros dolores; con todo, nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y afligido. Mas él fue herido por nuestras transgresiones, molido por nuestras iniquidades. El castigo, por nuestra paz, cayó sobre él, y por sus heridas hemos sido sanados. Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, nos apartamos cada cual por su camino; pero HaShem hizo que cayera sobre él la iniquidad de todos nosotros.” (LBLA revisada)

Después de la resurrección Yeshúa fue limpiado de la impureza que había obtenido por medio de la lepra del pecado, como está escrito en Zacarías 3:2b-5:

“¿No es éste un tizón arrebatado del fuego? Y Yehoshúa estaba vestido de ropas sucias, en pie delante del ángel. Y éste habló, y dijo a los que estaban delante de él: Quitadle las ropas sucias. Y a él le dijo: Mira, he quitado de ti tu iniquidad y te vestiré de ropas de gala. Después dijo: Que le pongan un gorro limpio en la cabeza. Y le pusieron un gorro limpio en la cabeza y le vistieron con ropas de gala; y el ángel de HaShem estaba allí.” (LBLA revisada)

Mediante este acto de purificación Yeshúa fue introducido en el ministerio sacerdotal según el orden de Malki-Tsedek. Por eso hay una semejanza entre el rito de purificación del metsorá y la instalación en el ministerio sacerdotal, cf. Éxodo 29:7, 20-21; Levítico 14:14, 17-18.

Tercera aliyá, 14:21-32

14:21 “Pero si es pobre y no tiene suficientes recursos, entonces tomará un cordero como ofrenda por la culpa, como ofrenda mecida, a fin de hacer expiación por él, y una décima de una efá de flor de harina mezclada con aceite para ofrenda de cereal, y un log de aceite” (LBLA revisada) – Aunque el hombre sea pobre no hay rebaja en cuanto al animal que se tenía que dar como ofrenda por la culpa. Tanto el rico como el pobre tenían que dar un cordero por la culpa. Esto nos enseña que el precio para liberar al hombre no puede rebajarse, es el mismo para el rico como para el pobre. El precio es la muerte del Cordero de Dios. Por medio de la muerte del Cordero tanto el rico como el pobre podrán ser libres del pecado y purificados para poder entrar en el santuario celestial y estar cerca de HaShem y servir en el ministerio de Malki-Tsedek.

Cuarta aliyá, 14:33-53

14:34 “Cuando entréis en la tierra de Kenáan, que os doy en posesión, y ponga yo una marca de lepra sobre una casa en la tierra de vuestra posesión” (LBLA revisada) – Esta ley sólo se aplica sobre las casas en la tierra de Israel. Sin embargo, las casas que están en la ciudad de Jerusalén nunca podrán ser declaradas impuras. Además las casas tenían que ser de una manera especial para que esta ley aplicara sobre ellas. Sólo las casas que tenían piedra, madera y tierra en las paredes podían ser declaradas tamé, cf. 14:45.

14:45 “Derribará, pues, la casa, sus piedras, sus maderas y todo el emplaste de la casa, y los llevará fuera de la ciudad a un lugar impuro.” (LBLA) – El mundo es una casa. HaShem ha enviado sus ángeles para inspeccionar si la casa está libre de contaminación. Pero aunque fue raspada una vez por medio del diluvio, volvió a aparecer la maldad y se está extendiendo. Por lo tanto no queda más remedio que derribar la casa. Este mundo será destruido después del milenio del reino mesiánico, como está escrito en 2 Pedro 3:10-13:

“Pero el día del Señor vendrá como ladrón, en el cual los cielos pasarán con gran estruendo, y los elementos serán destruidos con fuego intenso, y la tierra y las obras que hay en ella serán quemadas. Puesto que todas estas cosas han de ser destruidas de esta manera, ¡qué clase de personas no debéis ser vosotros en santa conducta y en piedad, esperando y apresurando la venida del día de Dios, en el cual los cielos serán destruidos por fuego y los elementos se fundirán con intenso calor! Pero, según su promesa, nosotros esperamos nuevos cielos y nueva tierra, en los cuales mora la justicia.” (LBLA)

Quinta aliyá, 14:54 – 15:15

15:2  “Hablad a los hijos de Israel y decidles: "Cuando cualquier hombre tenga flujo de su cuerpo, su flujo es impuro.” (LBLA) – La palabra hebrea que ha sido traducida como flujo es zav,[2] y significa “emisión”, “flujo”, “corriente”, “emanación”. Aquí no se refiere a la emisión de semen, sino de otro tipo de flujo. Como la palabra flujo se repite dos veces, se deduce que la impureza ritual empieza a partir de la segunda emisión de flujo. Este tipo de impureza es más severo que la impureza producida por la emisión del semen y requiere sacrificios para su purificación, cf. v. 14-15.

15:4  “Toda cama sobre la cual se acueste la persona con flujo quedará impura, y todo sobre lo que se siente quedará impuro.” (LBLA) – Rashí destaca que los verbos “se acueste” y “se siente” están escritos de manera que no puede referirse a objetos que están designados para otra función que la de recostarse o sentarse. Con otras palabras, sólo se refiere a camas y sillas.

15:5  “Además, cualquiera que toque su cama lavará su ropa, se bañará en agua y quedará impuro hasta el atardecer” (LBLA) – Una cama que ha sido tocada por el zav, el que padece flujo, se ha convertido en una fuente primaria de impureza, en hebreo av hatumá y por eso tiene la capacidad para transmitir impureza a las personas. La persona que ha tocado una cama tocada por un zav transmite incluso impureza a sus propias ropas. Por eso tendrá que pasar tanto su ropa como todo su cuerpo por una mikvé para poder ser tahor, ritualmente puro. La purificación se hace efectiva a la caída del sol.

Si el zav toca otros objetos, no se convierten en fuente primaria de impureza, sino en resultado de impureza, en hebreo velad hatumá, y sólo pueden transmitir impureza ritual a alimentos y bebidas.

El hecho de que la persona que se ha sumergido en una mikvé no obtiene pureza ritual hasta la tarde es una indicación de que lo que finalmente hace efectiva la purificación es la muerte del Mesías, que ocurrió por la tarde.

15:9  “Y toda montura sobre la cual cabalgue la persona con el flujo quedará impura.” (LBLA) – Una montura queda impura pero no con el mismo grado de impureza que las camas y las sillas que han estado debajo del zav. Esto significa que el que toque una montura donde ha cabalgado un zav, no necesita sumergir su ropa en una mikvé, sino sólo su cuerpo. Según Rashí, esto sólo se refiere a las partes de la montura que no son el mismo asiento. En asiento obtiene el mismo nivel de impureza que una silla.

15:13 “Cuando el hombre con el flujo quede limpio de su flujo, contará para sí siete días para su purificación; entonces lavará su ropa, bañará su cuerpo en agua corriente y quedará limpio.” (LBLA revisada) – La palabra hebrea que ha sido traducida como “corriente” es jai,[3]  que significa “vivo”, “crudo”, “fresco”. Esto nos enseña que sólo el agua viva, de manantial, es capaz de purificar un cuerpo que tiene impureza ritual. Por lo tanto, para que una mikvé pueda purificar, tendrá que tener aguas que hayan sido introducidas en la mikvé de manera natural, no por medio de la intervención del hombre. Con otras palabras, una piscina a la cual el agua haya sido llevada por la fuerza del hombre, por una bomba de agua, o por tuberías de metal (que pueden llegar a ser impuras), no es apta para la purificación. El agua tiene que llegar a esa mikvé de manera natural.

Sexta aliyá, 15:16-28

15:16 “Y si un hombre tiene emisión de semen, bañará todo su cuerpo en agua y quedará impuro hasta el atardecer.” (LBLA) – Los versículos 2-15 tratan del caso de un hombre zav, que es impuro por el flujo que sale desde su miembro viril, sin que tenga emisión de semen. A partir del versículo 16 la Torá da instrucciones acerca del que tiene emisión seminal. La emisión de semen produce un estado de tamé en el hombre, pero en un nivel inferior al del zav. La Torá dice que el hombre que tiene emisión de semen tendrá que “bañar” todo su cuerpo en agua para poder ser purificado a la caída del sol. La palabra hebrea que ha sido traducida como “bañará” es rajats,[4] que significa “lavar”, “bañar”, “limpiar”, “hacer abluciones”, “purificar con agua”, cf. 2 Reyes 5:10, 14.

Ahora, si él usa cualquier agua para lavarse, no será purificado, puesto que el agua quedaría impura al tocar al que es tamé. Hemos visto en Levítico 11:36 que la única agua que no puede volverse impura es la que está en una mikvé compuesta por una fuente natural y un hoyo. Por lo tanto, la única agua que sirve para lavarse de la impureza es el agua de una mikvé con esas características. Muchos ríos y lagos son aptos para la purificación, cf. Juan 3:22-23.

Este versículo dice que todo el cuerpo, literalmente “toda su carne”, tiene que ser bañado en el agua. Levítico 11:32 enseña que los objetos que son introducidos en el agua de una mikvé son purificados. De esto deducimos que es necesario que el que se purifique se sumerja en el agua. Además tiene que estar sin ropa y sin objetos que obstruyan el contacto directo con el agua, con otras palabras, tiene que estar totalmente desnudo para que su purificación sea válida.

De este versículo también deducimos que el tamaño de la mikvé tiene que ser suficientemente grande como para que un hombre pueda introducir todo su cuerpo en ella. El Talmud afirma[5] que tiene que ser de 40 seá, lo cual corresponde a unos 700 litros (unos 25 pies cúbicos).

15:18 “Si un hombre se acuesta con una mujer y hay emisión de semen, ambos se bañarán en agua y quedarán impuros hasta el atardecer.” (LBLA) – El único lugar donde el semen no causa impureza es dentro de la mujer, puesto que sólo causa impureza ritual cuando toca las partes exteriores de un cuerpo. Así que la mujer no queda impura por su contacto interior con el semen en la relación íntima. Antes fue dicho que el hombre que emite semen queda impuro por ello, pero ¿por qué la mujer queda impura por tener una relación con su marido? Rashí dice que es por un decreto del Soberano. Con otras palabras, no hay una explicación lógica por la que una mujer quede impura por tener una relación cuando haya emisión de semen en su interior.

Después de tres días el semen está muerto y ya no tiene la capacidad para procrear. Por lo tanto no produce impureza a partir del cuarto día.

Parece que el estado de tamé, impureza ritual, es producido en el hombre por tener algún tipo de contacto con la muerte. El cuerpo humano muerto es la fuente principal de impureza ritual. Por lo tanto, la relación sexual tiene que ver con la muerte, puesto que millones de espermatozoides mueren sin producir vida humana. El mismo pensamiento está detrás de la menstruación de la mujer. Por no haberse quedado embarazada, ese óvulo que era un niño en potencia, es expulsado sin que se haya formado una vida nueva. Esto es, en cierto modo, un contacto con la muerte y por esto produce impureza ritual en la mujer.

Las enfermedades que afectan el sistema reproductora en el hombre y en la mujer producen impureza ritual, porque atentan contra la procreación de la vida humana.

El Dios de Israel es el Dios vivo y el Dios de los vivos. Por eso es necesario eliminar todo contacto con la muerte en relación con el culto a él en el tabernáculo.

15:19 “Cuando una mujer tenga flujo, si el flujo en su cuerpo es sangre, ella permanecerá en su estado impureza menstrual por siete días; y cualquiera que la toque quedará impuro hasta el atardecer.” (LBLA) – En los versículos 19-24 se encuentran las instrucciones en cuanto a la mujer durante su estado de separación mensual, en hebreo nidá. Este versículo dice que el tiempo de nidá es de siete días.

El primer día es contado cuando ella empieza a manchar con sangre. Independientemente de la hora del día cuando esto ocurra, ese día se cuenta como el primer día, incluso si sólo quedaran unos minutos hasta la caída del sol. Así que el día en que empieza el flujo de sangre es contado como un día entero. Luego ella va contando los días hasta llegar al final del séptimo día, poco antes de la caída del sol. Entonces ella se sumerge en una mikvé para purificarse y, a la caída del sol, queda ritualmente purificada y podrá unirse con su marido de nuevo durante la noche del octavo día. Esto es lo que enseña la Torá. Además de esto, los rabinos han hecho una cerca de protección alrededor de este mandamiento y añadido siete días después del último día de flujo.

La persona que toca una mujer nidá queda ritualmente impura y no podría entrar en el templo ni comer de las cosas consagradas o de los sacrificios durante ese día.

15:24 “Y si un hombre se acuesta con ella y su impureza menstrual lo mancha, quedará impuro por siete días, y toda cama sobre la que él se acueste quedará impura.” (LBLA) – La Torá prohíbe que los judíos tengan relaciones maritales durante el tiempo de la nidá, como está escrito en Levítico 18:19:

“Y no te acercarás a una mujer para descubrir su desnudez durante su impureza menstrual (nidá).” (LBLA)

En Levítico 20:18 está escrito:

“Si alguno se acuesta con mujer menstruosa y descubre su desnudez, ha descubierto su flujo, y ella ha puesto al descubierto el flujo de su sangre; por tanto, ambos serán cortados de entre su pueblo.” (LBLA)

En Ezequiel 18:5-6 está escrito:

“Pero el hombre que es justo, y practica el derecho y la justicia, y no come en los santuarios de los montes ni levanta sus ojos a los ídolos de la casa de Israel, ni amancilla a la mujer de su prójimo, ni se acerca a una mujer durante su menstruación” (LBLA)

En Ezequiel 22:10 está escrito:

“En ti se ha descubierto la desnudez del padre, en ti han humillado a la que estaba impura por su menstruación.” (LBLA)

¿Cómo es posible que en Levítico 15:24 se habla de que un hombre pueda acostarse con una mujer de manera que su impureza menstrual lo manche si está prohibido tener relaciones durante los siete días de nidá de la mujer? La explicación lógica es que aquí no se trata de que el hombre se acueste con su esposa durante la semana de nidá, sino justo al comenzar esa semana. Sin darse cuenta tuvieron una relación, por equivocación, justo cuando su flujo empezó. En ese caso el varón queda impuro durante una semana, al igual que la mujer. En el otro caso, ambos son castigados por la pena de caret, corte de la persona de su raíz divina y muerte espiritual.

15:25 “Si una mujer tiene un flujo de sangre por muchos días fuera del período de su impureza menstrual, o si tiene un flujo después de ese período, todos los días de su flujo impuro continuará como en los días de su impureza menstrual; es impura.” (LBLA) – Ahora la Torá trata de la zavá, que es un caso diferente a la menstruación normal. Se trata de tener flujo de sangre fuera de los siete días de nidá. En el caso de que la mujer sangre uno o dos días más, es decir, en total ocho o nueve días, ella no pasa al estado de zavá, porque está escrito “por muchos días fuera del periodo de separación”. Necesita haber, por lo menos, tres días de flujo, fuera del periodo menstrual, para que sean considerados como “muchos días”. Cuando este flujo de sangre anormal se limita a uno o dos días, ella puede bañarse el día siguiente al flujo y esperar hasta la tarde. Si no hay flujo por la tarde, ella se vuelve pura y podrá unirse otra vez con su marido.

Podría ser que el flujo de la menstruación se alargue tres días fuera de los siete días o podría ser que haya flujo, durante tres días o más, en el período de los primeros once días después de los siete días de nidá. En estos casos ella entrará en el estado de zavá y necesitará tener un periodo de siete días limpios para poder llegar a ser ritualmente pura. Al final de los siete días limpios ella se sumerge en la mikvé y a la caída del sol queda pura. En el octavo día necesitará presentar sacrificios en el templo para su expiación, al igual que el varón cuando es purificado de su estado de zav, como ya hemos visto en Levítico 15:2-15.

Los rabinos han unificado las leyes de los dos casos de nidá y zavá por razones de protección del pueblo. Han hecho una cerca de protección alrededor de la Torá por causa de los peligros de confusión en la aplicación de estas prescripciones y por el rigor de la pena de caret en el caso de su violación. El rabí Yaakov Ben Asher escribe:[6]

“Cuando aumentaron las dificultades del exilio, cuando las tribulaciones se multiplicaron y los corazones se volvieron a afligir, los Sabios temieron que pudieran producirse errores en el cómputo de los días considerados como puros, mientras que en realidad eran impuros. Ahora bien, como cualquier error en este aspecto puede conllevar un “isur caret”, la pena de cercenamiento, decretaron de una manera general, que la menor pérdida de sangre impura exige, para volver al estado de pureza, que se cumpla con un período de siete días puros, previos a la inmersión.”

Esto significa que hoy en día la halajá estipula que después de la última mancha de sangre que se produce en un paño que se usa para hacer la inspección, hay que contar siete días limpios, llamados “la semana blanca”. Además la Guemará dice[7] que las hijas de Israel tomaron esta regla sobre sí mismas lo cual implica que la aceptaron como obligatoria. Al final de esos siete días la mujer se sumerge en la mikvé para luego unirse con su marido después de la caída del sol. Estas reglas hacen que el período de separación sea más largo que lo que prescribe la Torá. El resultado de un periodo más largo de abstinencia y espera resulta en una renovación mensual de las emociones sexuales. El Talmud[8] cita las palabras del rabí Meír diciendo:

“¿Por qué ordena la Torá que la impureza de la menstruación continúe durante siete días? Porque cuando (el marido) está en contacto constante con su esposa podrá desarrollar una desgana hacia ella. La Torá, por lo tanto, ordena: Que sea impura durante siete días para que sea amada por su esposo como el momento en que ella entró en el lecho nupcial.”

La orden de “una semana blanca” después del flujo normal de menstruación está basada en las reglas de la zavá. Sin embargo, los resultados de un periodo más largo de espera, después del tiempo de nidá, son beneficiosos para el matrimonio.

Las reglas de purificación por tocar una persona impura o un objeto impuro no se aplican hoy en día en el mundo judío por no haber templo. Sin embargo, las regulaciones en cuanto a relaciones íntimas sí son aplicadas por los judíos, incluyendo la “semana blanca”. Pero no son obligatorias para los hijos de Noaj. Existen otras reglas para los judíos de no tocarse entre hombres y mujeres y entre esposos durante el tiempo de la nidá, pero no son por motivos de pureza ritual sino por motivos de pureza moral y castidad, cf. Levítico 18:19.

Entonces ¿qué deben hacer los justos de las naciones en relación con estas reglas?

La naturaleza nos enseña que no es sano tener relaciones íntimas durante los días cuando la esposa esté sangrando. Por eso, aunque no está prohibido por la Torá, los hijos de Noaj hacen bien en abstenerse durante ese tiempo, que podrá durar entre 3-7 días. Además considero que los que desean vivir en un nivel más alto de santidad y tener un matrimonio más sano deben guardar siete días después del inicio de la menstruación, de la misma manera cómo la Torá estipula para los judíos. Sin embargo, no necesitan alargar el periodo con una “semana blanca”, excepto que haya un mutuo acuerdo en alargar el período para poder dedicarse a la oración, cf. 1 Corintios  7:5.

Además es bueno que también los hombres y las mujeres justos de las naciones no te toquen, como está escrito en 1 Corintios 7:1b:

“bueno es para el hombre no tocar mujer.” (LBLA)

En esta parashá aparecen los mandamientos 173-183 de los 613.

 

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